A las diez de la noche comienza la Procesión de nuestras Imágenes Titulares con la salida de la Cruz Guía, seguida por la Cruz con el Santo Sudario, acompañadas por alrededor de 150 capuchinos (o penitentes, nazarenos,...). Las cuadrillas de costaleras que portan al Santo Sepulcro y de costaleros que llevan a la Virgen viven sus momentos más duros de la Procesión sin apenas calentamiento: hay que bajar la elevada escalinata que salva el desnivel existente entre la iglesia y la plaza del Ayuntamiento. Los devotos y visitantes, conocedores de esta enorme dificultad, se concentran en la Plaza ofreciendo sus primeros aplausos para estos jóvenes dalienses, que, a pesar de conocer esta dificultad no ponen reparos año tras año, salvándola con su fe y devoción.

Poco después de las diez y media de la noche, los dos pasos salen de la Plaza por la espalda de la Casa Consistorial para iniciar su carrera por la Calle Santo Cristo. Sin duda, dado el trazado de la calle (recovecos, estrechez, esquinas), la construcción de las casas,... -estamos en el centro de Dalías, en su casco más antiguo-, es donde más gusta ver pasar la Procesión; aunque, más tarde, por la Rambla de Gracia resulte más brillante por la anchura y rectitud de la calle. Vamos por la calle Santo Cristo, se oyen las primeras saetas a la Virgen (dicen que este año también a Su Hijo); emocionan las voces de los capataces animando a sus cuadrillas, conocedores de la dificultad que sigue caracterizando la Procesión: vamos hacia arriba, con buena cuesta, la calle se estrecha, doble giro,...



Casi cuando culmina la subida y se ve próxima la denominada Fuente Peralta hay un descanso un poco más prolongado que permite refrescarse a los costaleros. La citada Fuente supone el comienzo de la bajada. Este momento lo describía un célebre poeta local en el Programa de 2001:
EL PASO DEL VIERNES SANTO
POR LA FUENTE PERALTA
Me gusta esperar allí,
junto a la fuente Peralta,
cuando se mezcla la noche
con la saeta del agua.
Cuando suena la trompeta,
todavía aún lejana,
me gusta esperar allí,
junto a la fuente Peralta.
Sólo uno más entre tantos,
como todos, aguardando,
verlo llegar y alejarse,
el paso del Viernes Santo.
Desde esa fuente, testigo
de tantos y tantos años,
que el agua guarda silencio
cuando se están acercando.
Y cuando pasa la Virgen,
el agua como un espejo
refleja su bello rostro
tan sólo por un momento.
Un momento está a mi lado,
cuando más lento es el paso,
meciéndose el manto negro,
por la luna iluminado.
La luna que arranca hilos
para tejer un bordado,
y hacerle al cielo también,
como el de la Virgen, un manto.
La calle abajo se alejan,
como llegaron, despacio,
bajo una luna que sigue,
tejiendo a la noche un manto.
José Antonio Fernández Romero.
Seguimos descendiendo por la calle Santo Cristo hasta la Plaza de la Constitución. Aunque hasta ahora las Imágenes han estado acompañadas por los vecinos y buen número de visitantes (además de los capuchinos y mantillas, junta de gobierno y autoridades,...), de nuevo la multitud contempla el paso de Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad, llevados por más de treinta chicas y cuarenta chicos dalienses, respectivamente.
La iglesia queda a nuestra derecha; pero todavía falta casi una hora para llegar hasta la Plaza. Ahora se baja por Rambla de Gracia: la Procesión se engrandece por una de las calles más anchas de la localidad y largas en línea recta, por lo que se contempla desde la Cruz Guía hasta Ntra. Sra. de la Soledad y las autoridades que cierran el desfile procesional. Aunque vamos hacia abajo, no por ello es más descansado para los costaleros; ahora hay que marcar más el paso, más despacio,...se escucha Soledad de Dalías.
Doscientos metros más abajo, un giro a la derecha, y otro más por un breve estrechamiento de calle hacia arriba. A nuestra izquierda queda la Plaza del Mercado. ¡Vamos que esta es casi la última levantá antes de llegar ante la iglesia! ¡Qué trabajo cuesta! ¡Vamos!
Llegamos a la Plaza un poco pasadas las doce y media. Antes de entrar a la iglesia, reverencia de la Madre ante el Sepulcro de su Hijo. Vecinos y visitantes que continúan abarrotando la Plaza animan con sus palmas a los jóvenes, que ya sienten la nostalgia del tiempo vivido en la noche de Viernes Santo. ¡Y queda la escalinata! Si difícil fue la Salida, ¡hay que vivir la Entrada! El trono cabe justo por la puerta principal de la iglesia, ¡ni un milímetro!
Primero entra el Santo Sepulcro, después Ntra. Sra. de la Soledad. Ya estamos en el interior del templo parroquial. Vamos derechos hacia el Altar Mayor donde ofrecer la última levantá y la última reverencia al Sto. Cristo de la Luz. Aunque es la una de la madrugada, toda la iglesia está llena de cofrades, vecinos y visitantes.
Los tronos vuelven a su lugar, en la iglesia, delante del retablo de la Cofradía, donde han estado a lo largo de toda la Semana Santa y han sido ornamentados por la Junta de Gobierno con especial esmero, cuidado y devoción. Al grito de "a esta queda" de los capataces y tras el golpe seco de sus llamadores, los pasos, inmoviles, reciben las miradas de los presentes con el deseo ya, de verlos de nuevo por nuestras calles el próximo año. (relato de un año cualquiera)